medición, normativa y cómo proteger los centros educativos
Entrar en un colegio suele transmitir una sensación muy concreta: actividad, aprendizaje, confianza. Aulas llenas, pasillos con mochilas, profesores entrando y saliendo, niños que pasan allí buena parte del día.
Pero hay aspectos de la calidad de un edificio que no se perciben a simple vista.
El gas radón es uno de ellos.
No tiene olor, color ni sabor y puede acumularse en espacios interiores sin que nadie sea consciente de su presencia. Procede de forma natural del terreno y, cuando encuentra vías de entrada a través de suelos, juntas, grietas o pasos de instalaciones, puede penetrar en el edificio y alcanzar concentraciones elevadas.
Esto puede ocurrir en una vivienda, pero también en oficinas, hospitales, guarderías y, por supuesto, colegios y centros educativos.
La Organización Mundial de la Salud considera el radón uno de los principales factores de riesgo de cáncer de pulmón y señala que, en muchos países, es la segunda causa después del tabaco. El riesgo aumenta con la concentración y con el tiempo de exposición.
Por eso, cuando hablamos de radón en colegios, la pregunta importante no es si podemos verlo o detectarlo por el olor. Es mucho más sencilla:
¿Sabemos realmente qué concentración de radón hay dentro del centro?
¿Qué es el radón y por qué puede acumularse en un colegio?
El radón es un gas radiactivo de origen natural producido por la desintegración del uranio presente en suelos y rocas.
En el exterior suele diluirse rápidamente. El problema aparece cuando entra en un edificio y queda retenido en espacios cerrados.
Las zonas más próximas al terreno son, generalmente, las que requieren mayor atención: plantas bajas, semisótanos, sótanos, almacenes, gimnasios o aulas situadas en contacto directo con el suelo.
La concentración no depende únicamente de que el colegio esté situado en una determinada comunidad autónoma. También influyen las características geológicas del terreno, la construcción del edificio, las vías de entrada del gas, la ventilación y las condiciones de uso.
Dos colegios situados incluso en una misma localidad pueden presentar valores muy diferentes.
Por eso un mapa de radón puede indicar probabilidad, pero no puede decirnos cuánto radón hay realmente en un aula concreta.
Muchas horas dentro del aula: por qué conviene controlar el radón
Los alumnos pasan muchas horas en el centro educativo. Y también lo hacen profesores, personal administrativo, mantenimiento, limpieza y otros trabajadores.
Cuando existe radón en un espacio interior, lo importante es precisamente esa combinación entre concentración y tiempo de exposición.
No se trata de generar alarma ni de pensar que cualquier colegio situado en una zona con potencial de radón tiene necesariamente un problema. Se trata de algo mucho más razonable: si existen factores de riesgo, conviene saber qué ocurre dentro del edificio.
Y para eso hay una única herramienta fiable: medir.
¿Cómo saber si un colegio está en una zona de riesgo de radón?
El Consejo de Seguridad Nuclear dispone de un Mapa del potencial de radón de España, actualizado en 2025, que permite identificar las zonas donde existe una mayor probabilidad de encontrar concentraciones elevadas.
Las áreas con potencial superior a 300 Bq/m³ representan aproximadamente un 17 % del territorio nacional. Galicia destaca especialmente, pero también existen superficies importantes en comunidades como Extremadura, Madrid, Castilla y León, Canarias, Cataluña o Asturias, entre otras.
Además, la Instrucción IS-47 del Consejo de Seguridad Nuclear identifica los denominados municipios de actuación prioritaria contra el radón. Estos coinciden con los municipios clasificados como Zona II en el Documento Básico HS 6 del Código Técnico de la Edificación.
Ahora bien, estar en una zona prioritaria no significa que todos los edificios tengan niveles elevados. Del mismo modo, mirar un mapa nunca sustituye una medición realizada dentro del inmueble.
¿Es obligatorio medir el radón en los colegios?
Aquí ha habido cambios importantes en los últimos años y conviene explicarlos bien.
En España, el nivel de referencia para el radón en recintos cerrados es de 300 Bq/m³ como promedio anual, tanto para viviendas y edificios de acceso público como para lugares de trabajo.
Esto no significa que 299 Bq/m³ sea una frontera entre “seguro” y “peligroso”. La OMS recomienda establecer, cuando sea posible, un nivel de referencia de 100 Bq/m³ y, cuando las circunstancias nacionales no permitan alcanzarlo, no superar los 300 Bq/m³. La lógica es sencilla: cuanto menor sea la exposición, mejor.
En cuanto a la obligación de medir, no todos los colegios españoles están obligados automáticamente por el mero hecho de ser centros educativos.
Sin embargo, un colegio también es un centro de trabajo.
El Real Decreto 1029/2022 establece que los titulares de actividades laborales desarrolladas en determinados lugares deben estimar el promedio anual de concentración de radón. Entre ellos se encuentran los lugares de trabajo situados en planta baja o bajo rasante en municipios de actuación prioritaria contra el radón.
Por tanto, un centro educativo que reúna esas condiciones puede estar sujeto a las obligaciones de medición establecidas para los lugares de trabajo.
Y desde 2025 la Instrucción IS-47 concreta cómo deben planificarse, realizarse y actualizarse esos estudios.
Cómo se mide correctamente el radón en un centro educativo
Una medición de unos pocos días puede resultar útil para obtener información preliminar en determinados contextos, pero no sustituye a la medición de larga duración necesaria para estimar el promedio anual cuando hablamos de los estudios reglamentarios contemplados para los centros de trabajo.
La Instrucción IS-47 establece que, para los centros incluidos en su ámbito, los detectores deben permanecer expuestos durante un periodo mínimo de tres meses, no necesariamente consecutivos, entre el 1 de octubre y el 31 de mayo, o realizarse mediciones a lo largo de un año natural, excluyendo cuando corresponda los periodos de cierre o inactividad.
Esto tiene especial sentido en un colegio. Hacer una medición durante un largo periodo de vacaciones con las aulas cerradas y un funcionamiento diferente al habitual podría no representar adecuadamente las condiciones reales de ocupación.
La normativa también determina la distribución de detectores según las características y superficie del centro y establece que deben ser suministrados y analizados por un laboratorio acreditado conforme a UNE-EN ISO/IEC 17025.
Por tanto, si lo que se necesita es una medición con finalidad reglamentaria, no basta con colocar cualquier dispositivo y consultar una cifra unos días después.
¿Qué ocurre si se superan los 300 Bq/m³?
Encontrar una concentración elevada de radón no significa que haya que cerrar automáticamente un aula ni generar alarma entre las familias.
Significa que hay que actuar.
Cuando el promedio anual supera el nivel de referencia de 300 Bq/m³, la normativa establece que deben adoptarse las medidas oportunas para reducir la concentración y/o la exposición y, posteriormente, volver a evaluar los niveles de radón.
La solución adecuada dependerá del edificio y del origen del problema.
En algunos casos puede ser necesario mejorar la ventilación. En otros habrá que actuar sobre las vías de entrada desde el terreno, sellar determinadas juntas y fisuras, instalar barreras o utilizar sistemas de despresurización del subsuelo que extraigan el radón antes de que penetre en las zonas ocupadas.
No existe una solución universal.
Primero se mide, después se diagnostica y, a partir de los resultados, se decide cómo actuar.
Soluciones para reducir el radón en colegios
Uno de los errores más habituales es pensar que basta con abrir las ventanas.
La ventilación puede reducir temporalmente la concentración de radón y forma parte de algunas estrategias de intervención, pero no siempre es suficiente ni constituye necesariamente la solución más adecuada para un centro educativo.
Un colegio necesita mantener unas condiciones razonables de temperatura, eficiencia energética, confort y calidad del aire interior. La solución frente al radón debe integrarse en el funcionamiento real del edificio.
Cuando los valores son elevados, un estudio técnico permite determinar por dónde está entrando el gas y qué actuación puede ofrecer mejores resultados: ventilación mecánica, sellado, despresurización del terreno u otras soluciones adaptadas a las características constructivas del centro.
Y después de intervenir hay algo que no debería olvidarse: volver a medir para comprobar que la actuación ha funcionado.
Medir el radón en un colegio es el primer paso para actuar
Hablar de radón en colegios no consiste en asustar a familias, profesores o responsables de los centros.
Consiste en prevenir.
Revisamos instalaciones eléctricas, sistemas contra incendios, accesibilidad, climatización o calidad del agua porque sabemos que un edificio necesita mantenimiento y control. La calidad del aire interior también forma parte de esa responsabilidad.
El radón tiene una particularidad: no avisa.
Podemos pasar años dentro de un edificio sin saber si existe una concentración elevada. Por eso, en las zonas y situaciones donde pueda haber riesgo, medir convierte una incógnita en un dato.
Y con un dato se pueden tomar decisiones.
En Tu Hogar 10 ayudamos a particulares, empresas, comunidades, administraciones y centros educativos a abordar la medición y el control del radón desde una perspectiva técnica, buscando soluciones adaptadas a cada edificio.
Si eres responsable de un colegio, profesor, miembro de un AMPA o formas parte de una administración y quieres saber si un centro debería medir el radón, podemos estudiar el caso y orientarte sobre los siguientes pasos.
Porque lo que no se ve también se puede medir.
Y lo que se mide, se puede corregir.






