El radón tiene una característica que complica mucho su detección: no podemos verlo, olerlo ni saborearlo.
Una vivienda puede tener una concentración elevada y no mostrar absolutamente ninguna señal visible. No aparecen manchas, no cambia el olor del aire y tampoco existen síntomas inmediatos que permitan saber que el gas está presente.
Por eso, si alguna vez te has preguntado cómo saber si tu vivienda tiene radón, la respuesta es muy concreta:
hay que medirlo.
Consultar un mapa de potencial de radón puede ayudarnos a saber si vivimos en una zona donde existe mayor probabilidad de encontrar concentraciones elevadas, pero no permite conocer lo que ocurre dentro de una casa determinada. El Consejo de Seguridad Nuclear advierte de que su cartografía no tiene resolución suficiente para realizar predicciones fiables a escala de edificio o incluso de calle.
Dos viviendas muy próximas pueden presentar resultados completamente diferentes.
¿Cómo entra el radón en una vivienda?
El radón es un gas radiactivo de origen natural producido por la desintegración del uranio presente en determinados suelos y rocas.
Desde el terreno puede desplazarse hasta alcanzar los edificios y penetrar a través de grietas, juntas, encuentros constructivos, pasos de instalaciones y otras zonas en contacto con el subsuelo. Las concentraciones suelen ser más relevantes en plantas bajas y sótanos, aunque cada edificio se comporta de forma diferente.
Una vez dentro, su concentración puede variar considerablemente.
Influyen las características del terreno, la construcción del edificio, la ventilación, las diferencias de presión y también factores ambientales.
Eso explica por qué no podemos saber cuánto radón hay en casa simplemente mirando dónde vivimos.
La única forma de saber cuánto radón hay es medir
Existen distintos tipos de dispositivos para medir el radón.
Algunos equipos permiten observar cómo cambia la concentración durante horas o días. Pueden aportar información útil para estudiar el comportamiento de un edificio o realizar determinadas evaluaciones.
También existen detectores pasivos integradores, muy utilizados para mediciones prolongadas. Permanecen durante un periodo determinado dentro de la vivienda y posteriormente se analizan para obtener una concentración media durante ese tiempo. El CSN señala que los detectores de trazas nucleares se encuentran entre los sistemas más utilizados por su robustez y coste.
La diferencia entre una medición corta y una prolongada es importante.
El radón puede fluctuar significativamente y una lectura tomada durante unas horas o unos pocos días no necesariamente representa la exposición habitual de la vivienda.
¿Cuánto tiempo debe durar una medición de radón?
Cuando queremos obtener un resultado representativo, especialmente a efectos de valorar el nivel de referencia, el Consejo de Seguridad Nuclear recomienda que los detectores permanezcan expuestos durante al menos tres meses, evitando la época estival.
Esto permite suavizar parte de las variaciones que se producen entre días y obtener una información mucho más útil que una fotografía puntual.
Por tanto, una medición de pocos días puede servir en determinados contextos como información preliminar, pero no debería confundirse con una estimación suficientemente representativa de la concentración media anual.
¿Dónde deben colocarse los detectores?
La ubicación también importa.
El objetivo es conocer la concentración existente en las zonas realmente utilizadas por quienes viven en la casa.
El CSN recomienda, por ejemplo, que en una vivienda de una sola planta se sitúe habitualmente un detector en el salón y otro en un dormitorio. Si existe un sótano que se utiliza con frecuencia, recomienda colocar uno allí y otro en la planta baja.
No tendría sentido esconder un detector en un armario o colocarlo en una zona que no represente las condiciones habituales de ocupación.
La instalación y el periodo de exposición deben seguir las instrucciones correspondientes al sistema utilizado.
¿Qué significan los resultados?
La concentración de radón se expresa en becquerelios por metro cúbico de aire (Bq/m³).
En España, el nivel de referencia establecido para la exposición al radón en recintos cerrados es:
300 Bq/m³ como promedio anual.
Este valor se aplica a viviendas, edificios de acceso público y lugares de trabajo.
Y aquí conviene evitar una interpretación muy habitual.
300 Bq/m³ no es una frontera que convierta automáticamente 299 Bq/m³ en “seguro” y 301 Bq/m³ en “peligroso”.
El riesgo asociado al radón aumenta progresivamente con la exposición. La Organización Mundial de la Salud recomienda que los países establezcan, cuando sea posible, un nivel de referencia de 100 Bq/m³ y que, cuando las circunstancias nacionales no permitan alcanzarlo, este no supere los 300 Bq/m³.
La lógica es sencilla: cuanto menor sea la exposición prolongada al radón, mejor.
¿Quién debería realizar una medición de radón?
Cualquier propietario puede querer conocer la concentración existente en su vivienda, especialmente si vive en una zona con potencial elevado de radón, ocupa una planta baja o sótano o simplemente desea disponer de un dato objetivo.
Para las viviendas, el CSN recomienda contactar con un laboratorio acreditado para la medida de radón en aire conforme a ISO 17025. En determinados lugares de trabajo sujetos a la normativa, esa acreditación es obligatoria.
Habitualmente, el laboratorio facilita los detectores junto con las instrucciones de colocación y, una vez finalizado el periodo de exposición, estos se devuelven para su análisis.
El resultado permite pasar de una sospecha a un dato cuantificable.
Y eso cambia completamente la forma de tomar decisiones.
¿Qué hacer si una vivienda presenta una concentración elevada?
Encontrar un valor elevado no significa que la vivienda no tenga solución.
Existen diferentes técnicas para reducir la concentración de radón: mejora de la ventilación en determinados casos, sellado de vías de entrada, actuaciones sobre espacios en contacto con el terreno y sistemas de despresurización, entre otras.
El CSN señala que la ventilación natural puede resultar eficaz para concentraciones del orden de unos pocos cientos de Bq/m³, mientras que para niveles más elevados pueden ser necesarias soluciones constructivas.
La actuación adecuada dependerá de la concentración obtenida y de cómo esté construido el edificio.
Por eso el proceso no debería ser:
“Tengo radón → compro un aparato”.
Debería ser:
medir → interpretar → diagnosticar → actuar → volver a medir.
La última medición es fundamental para comprobar que la actuación realmente ha conseguido reducir la concentración.
El mapa orienta; la medición responde
Vivir en una zona con potencial elevado de radón no significa necesariamente que tu casa presente una concentración elevada.
Y vivir fuera de las zonas de mayor potencial tampoco permite conocer el valor exacto que existe dentro de una vivienda concreta.
Los mapas sirven para identificar territorios donde existe una mayor probabilidad de encontrar edificios afectados. No sustituyen a una medición realizada dentro del inmueble.
Por eso, si quieres saber si tu vivienda tiene radón, no necesitas buscar síntomas ni intentar adivinarlo por el tipo de terreno.
Necesitas un dato.
En Tu Hogar 10 trabajamos en la medición, diagnóstico y control del radón en viviendas y edificios. Analizamos cada caso para conocer la concentración existente y, cuando los resultados indican que es necesario intervenir, estudiar qué solución puede resultar adecuada para las características del inmueble.
Porque frente a un gas que no podemos detectar con los sentidos, medir es la única forma de dejar de suponer y empezar a saber.
Contacta con nosotros y protege lo que más importa: tu salud y la de tu familia.






