Humedad y radón: cuándo pueden estar relacionados y por qué conviene medir

Humedad y radón: cuándo pueden estar relacionados y por qué conviene medir

Hay señales de una vivienda que son difíciles de ignorar.

Una mancha en la pared. Un sótano que huele permanentemente a humedad. Pintura que se levanta cerca del suelo. Un muro que parece no terminar nunca de secarse.

Y después existen otros problemas que no dejan ninguna señal visible.

El radón pertenece a este segundo grupo.

No tiene color, olor ni sabor y puede acumularse en el interior de un edificio sin que sus ocupantes sean conscientes de ello. La Organización Mundial de la Salud lo considera una de las principales causas de cáncer de pulmón y relaciona el riesgo con la concentración y el tiempo de exposición.

Entonces surge una pregunta lógica:

¿Existe alguna relación entre las humedades de una vivienda y el radón?

La respuesta necesita un poco de matiz.

La humedad no produce radón, ni una mancha en la pared significa automáticamente que exista una concentración elevada de este gas.

Pero determinados problemas constructivos pueden favorecer la aparición de ambos.

Y ahí está la relación que merece la pena entender.

¿De dónde viene el radón?

El radón es un gas radiactivo de origen natural producido durante la desintegración del uranio presente en suelos y rocas.

El radón procedente del terreno puede penetrar en los edificios a través de grietas, juntas, encuentros entre elementos constructivos, pasos de instalaciones y también por difusión a través de determinados materiales porosos. Las zonas en contacto con el terreno, como sótanos y plantas bajas, suelen requerir especial atención.

Al aire libre normalmente se diluye rápidamente.

Dentro de un edificio, sin embargo, puede acumularse y alcanzar concentraciones mucho mayores.

Entonces, ¿qué relación tienen la humedad y el radón?

No debemos establecer una relación directa de causa y efecto.

Una vivienda puede tener humedad y presentar concentraciones bajas de radón.

También puede ocurrir lo contrario: una casa aparentemente seca puede tener una concentración elevada.

Pero sí existen puntos constructivos que pueden ser relevantes para ambos problemas.

Pensemos, por ejemplo, en un muro de sótano en contacto con el terreno, una solera con fisuras, juntas mal resueltas o pasos de instalaciones sin sellar adecuadamente. Algunos de esos elementos pueden estar relacionados con entradas de agua o humedad y también constituir vías por las que el radón procedente del terreno alcance el interior. La Guía de Rehabilitación frente al Radón identifica expresamente grietas, juntas y discontinuidades en los elementos en contacto con el terreno como posibles vías de entrada del gas.

Por eso, cuando encontramos determinados problemas de humedad en sótanos o plantas bajas situados además en territorios con potencial significativo de radón, puede tener sentido estudiar ambas cuestiones.

Pero una humedad nunca sustituye a una medición.

Humedad y radón: cuándo pueden estar relacionados y por qué conviene medir

La humedad no sirve para saber cuánto radón hay

Este punto es fundamental.

No podemos mirar una pared húmeda y concluir que una vivienda tiene radón.

Tampoco podemos mirar una casa sin humedades y concluir que no lo tiene.

El Consejo de Seguridad Nuclear dispone de mapas que identifican las zonas españolas donde existe una mayor probabilidad de encontrar edificios con concentraciones elevadas, pero advierte expresamente de que esa cartografía no tiene resolución suficiente para hacer predicciones fiables a escala de edificio o de calle.

Por tanto:

el mapa orienta; el edificio da pistas; la medición responde.

¿Qué ocurre en la Sierra de Madrid?

Existen municipios y áreas de la Comunidad de Madrid con un potencial significativo de radón debido a sus características geológicas. El CSN dispone de un mapa de potencial y otro de zonificación municipal que permiten identificar las áreas de actuación prioritaria.

Pero evitaría frases como “toda la Sierra de Madrid es zona prioritaria” o “los niveles triplican la media nacional”.

La clasificación debe consultarse para cada municipio y, aun estando en una zona con potencial elevado, eso no determina la concentración concreta de una vivienda.

Dos casas relativamente próximas pueden ofrecer resultados diferentes.

Por eso la ubicación geográfica sirve para saber cuándo merece especialmente la pena prestar atención al problema, pero no sustituye una medición interior.

¿Qué dice la normativa sobre protección frente al radón?

La protección frente al radón forma parte del Código Técnico de la Edificación mediante la sección HS 6: Protección frente a la exposición al radón, incorporada a través del Real Decreto 732/2019. Su objetivo es limitar el riesgo de exposición inadecuada a radón procedente del terreno en los edificios incluidos en su ámbito de aplicación.

Además, España establece actualmente un nivel de referencia de 300 Bq/m³ como promedio anual para la concentración de radón en recintos cerrados.

Conviene insistir en algo: es un nivel de referencia, no una frontera absoluta entre “seguro” y “peligroso”.

La OMS recomienda establecer, cuando sea posible, un nivel de referencia de 100 Bq/m³ y señala que, cuando las circunstancias nacionales no permitan alcanzarlo, este no debería superar los 300 Bq/m³. También indica que el riesgo aumenta de forma progresiva con la exposición.

Cómo saber si existe realmente un problema de radón

Midiendo.

El radón puede variar a lo largo del día y entre distintas épocas del año, por lo que una lectura puntual no siempre representa adecuadamente la exposición habitual.

El CSN recomienda que, cuando se quiere obtener una medición suficientemente representativa a efectos de la normativa, los detectores permanezcan expuestos durante al menos tres meses, evitando la época estival. También recomienda acudir a laboratorios acreditados para la medida de radón en aire según ISO 17025.

Por eso cambiaría la frase de la entrada actual:

“Una medición de tres meses dice todo.”

por algo mucho más preciso:

Una medición prolongada proporciona una estimación mucho más representativa que una lectura de unas horas o unos días.

¿Y cómo se diagnostica una humedad?

Aquí ocurre algo parecido.

No basta con mirar la mancha.

Una humedad puede deberse a condensación, filtración, problemas de impermeabilización, agua procedente del terreno, fugas u otras causas.

Por eso una actuación correcta debe empezar identificando qué mecanismo está aportando el agua y por qué aparece precisamente en ese punto.

Pintar encima, instalar un deshumidificador o aplicar un tratamiento estándar puede ocultar temporalmente el síntoma sin corregir la causa.

Y precisamente ahí tiene sentido estudiar la vivienda de forma conjunta cuando existen varios problemas.

Cuando humedad y radón coinciden

Imaginemos un sótano con humedad persistente situado en una zona con potencial significativo de radón.

No deberíamos decir:

“Hay humedad, por tanto hay radón.”

Pero tampoco tiene mucho sentido reparar únicamente la apariencia de la humedad sin prestar atención al comportamiento general del edificio.

Podemos estudiar de dónde viene el agua y, de forma independiente, medir la concentración de radón.

Si existe un problema en ambos casos, entonces sí podremos diseñar las actuaciones teniendo en cuenta cómo está construido el edificio.

Eso evita intervenir dos veces y, sobre todo, evita tomar decisiones basadas en suposiciones.

¿Qué soluciones existen cuando aparece radón?

No hay una única solución válida para todos los edificios.

La Guía de Rehabilitación frente al Radón contempla diferentes estrategias: barreras frente al radón, sellado de fisuras y juntas, creación de sobrepresión, ventilación de cámaras o espacios de contención, despresurización del terreno y ventilación de locales habitables, entre otras.

Cuál utilizar dependerá de la concentración medida y de las características constructivas del inmueble.

Por eso eliminaría de la entrada actual la afirmación de que la solución “más eficaz” es siempre la ventilación forzada o la despresurización.

Tampoco afirmaría que estas técnicas “no requieren obras mayores”, porque la complejidad de una intervención depende completamente del edificio.

Lo importante no es utilizar la solución más llamativa.

Es utilizar la adecuada.

Medir, diagnosticar y después actuar

Humedad y radón tienen algo importante en común: las soluciones funcionan mucho mejor cuando dejamos de adivinar.

Ante una humedad necesitamos conocer su origen.

Ante el radón necesitamos conocer su concentración.

Y cuando ambos problemas aparecen en un mismo inmueble, estudiar el edificio de forma conjunta puede ayudarnos a tomar decisiones mucho más coherentes.

En Tu Hogar 10 trabajamos precisamente desde esa perspectiva: analizar el inmueble, medir cuando es necesario y plantear actuaciones adaptadas a lo que realmente está ocurriendo.

Porque una mancha de humedad puede estar avisándonos de un problema constructivo.

Pero no puede decirnos cuánto radón hay en casa.

Eso solo puede hacerlo una medición.

Y conocer el dato es lo que permite decidir qué hacer después.

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